JL Revilla
Superando el tráfico de Lima

Como parte de mi trabajo suelo moverme por la ciudad, muchas veces en horas punta, por lo que debería vivir amargado. Pero no, quiero compartir dos cosas que hago todos los días, dos tips sencillos: Zen y Tecnología.

El método Zen es el nombre que le doy al hecho de aceptar y planificar para el tráfico, es que “Zen” suena cool, pero en realidad se trata de pensar más como un piloto de avión que como un conductor de auto.

En efecto, acepten desde un inicio que van a estar una hora en el tráfico de Lima y planeen sus tiempos en base a eso. Como un vuelo comercial que sale a una hora precisa y llega al otro lado en el tiempo planeado, no se apuren, no traten de ganar tiempo, manejen relajados. Si quieren llegar antes, planeen salir antes, no intenten ganar tiempo en el tráfico. Lo único que van a hacer es gastar más gasolina por las constantes aceleradas y luego quedarse atorados en el siguiente semáforo.

Una vez que aceptan que su trayecto tomará 40 minutos o una hora, la mentalidad cambia. Verán con asombro a los otros conductores matándose por ganar unos metros y se sentirán como el único sobrio en una fiesta, hasta les dará algo de risa y lástima ver al resto. Pueden escuchar buena música, pero recomiendo aprovechar el tiempo con podcasts. Es increíble lo que se puede aprender todos los días con estos programas y los hay para todo interés.

Y ya estamos entrando en lo tecnológico, por lo que es momento de mencionar Waze. Si no lo están usando, empiecen hoy mismo, sólo necesitan un smartphone decente. Háganle caso, si Waze les dice que volteen a la derecha y ustedes quieren ir a la izquierda, confíen. Se darán cuenta pronto que siempre llegan por la mejor ruta.

Lo mejor de Waze es que, a diferencia de un atajo o ruta especial que no queremos que otros descubran porque empieza a congestionarse, aquí las indicaciones varían en tiempo real y son mejores mientras más personas lo están usando. Pasen la voz, nos conviene a todos.

Radical Openness

El mejor diálogo de LEGO Batman
Superman: "I'm Superman. He's Batman."
Recepcionista: "Uh huh. Are those last names?"
Superman: "Uh, one name each."
Batman: "Like Madonna."

Un pequeño “tease” de algo que ya viene…

Sobre el XBox One

Hace pocos días Microsoft anunció su nueva consola de videos, aunque ya no es justo llamarla así. Como gamer por 30 años y usuario de XBox desde el 2006, me pareció oportuno comentar algunos puntos que se han venido discutiendo.

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1. Lo que no tiene sentido seguir comentando

  • El poco enfoque a los juegos en el evento del martes 21. Por favor, Microsoft dijo todo el tiempo que el lanzamiento de la consola se daba en dos partes y que los juegos se iban a ver en E3, mientras que el primer evento iba a mostrar las novedades. No debía ser sorpresa para nadie, menos para un fan y mucho menos para un periodista de tecnología que haga su tarea.
  • El hardware de la consola y su comparación contra el PlayStation. En serio, ¿otra vez? ¿No aprendieron su lección con el XBox 360 vs PS? Al final lo que importa es cómo los productores de juegos optimizan para el hardware, no es una competencia de fuerza bruta.
  • Que la consola te obligue a usar Kinect. El Kinect viene con la consola, pero no estás obligado a usarlo. Es parte de la visión de Microsoft para un equipo de entretenimiento en el hogar, pero de la misma forma que nadie te obliga a usar Siri en tu iPhone no tienes por qué rayarte.

2. Lo que sí vale la pena discutir mientras esperamos la versión oficial

  • Manejo de juegos de segunda mano. Pareciera que se quiere migrar a un sistema tipo Apps en el que la aplicación está ligada a la cuenta de usuario de tu SmartPhone o Tablet y no al dispositivo en sí. Eso funciona bien cuando un App cuesta US$0.99 y no pesa más de 50MB, pero pagar US$60.00 por cada miembro de la familia es medio complicado… y tampoco es que uno pueda bajar su juego en otro dispositivo con la misma cuenta fácilmente.
  • Compatibilidad con juegos de Xbox 360. Todo parece indicar que aquí la respuesta es un “No” rotundo, pero no pierdo las esperanzas, tal vez con un modelo como el que tuvo el Wii en su momento donde emulabas juegos antiguos. O tal vez los juegos antiguos sean los nuevos “Arcade Games”. De todas maneras es importante, tengo muchos juegos que mis hijos juegan todo el tiempo, como los de LEGO.

3. Lo que nadie está comentando y es súper importante

  • La consola tiene dos sistemas operativos administrados por Hyper-V. OMG ¿cómo puedes llamarte geek y no emocionarte por esto? Además las posibilidades a futuro son interesantes.
  • Los nuevos Achievements. No les dedicaron mucho tiempo pero parece que ya no sólo son premios sino que pueden armar una historia de tu estilo de juego y son mucho más personalizados. Los Achievements siempre fueron lo mejor de Xbox y ahora todos los copiaron, quiero ver cómo los han mejorado.
  • Las cosas que puede hacer el nuevo Kinect. Detectar emociones, movimientos finos, uso de músculos… Esto tiene mucho más potencial que una segunda pantalla y todos pensaron que el Wii U era revolucionario. Además, más allá de los juegos, la cosa se proyecta.
  • Esa presentación que se filtró el año pasado sobre el futuro del XBox parece ser bastante precisa…

Pero lo más importante para mí, que no se está comentando por ningún lado, es la capacidad que tiene el Xbox One para ser un generador de señales para Microsoft. Otras empresas están haciendo un muy buen trabajo de recoger información desde nuestros dispositivos móviles o la web, pero nadie a logrado capturar el famoso “Living Room”. El Xbox tiene el potencial de entregarle a Microsoft un tesoro de datos a ser analizados sobre nuestro comportamiento lúdico: Juegos de video, películas, TV, deportes, videoconferencias, etc.

Nadie tiene esa data todavía, no a ese nivel… Esto pone a Microsoft otra vez en las grandes ligas del marketing digital.

Cómo hacer que tus amigos crean que tienes contacto con OVNIs

En muchas películas en las que el protagonista viaja al pasado (normalmente a la era medieval) siempre vemos que usa el conocimiento avanzado que tiene de tecnología para que los nativos del lugar piensen que tiene poderes mágicos. Una de las más clásicas maniobras es usar un eclipse solar para amenazar con apagar el Sol, pues oviamente se sabe con exactitud en qué momento va a ocurrir.

Pues bien, ustedes pueden realizar un truco similar con sus amigos hoy en día. Sólo necesitan saber la hora exacta en la que los satélites de Iridium pasarán por encima de donde estén en la noche y para eso recomiendo una aplicación para smartphones llamada “Sputnik!” que automáticamente detecta nuestra ubicación y calcula cuándo podemos ver un satélite.

Los satélites Iridium son los mejores para este efecto pues, debido a su forma, presentan un destello característico al reflejar la luz del sol. Podrán ver algo como esto:

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Por supuesto les toca a ustedes inventar un floro adecuado para explicar por qué saben que un OVNI pasará justo en ese momento…

Dos riesgos muy comunes

El peligro de lo familiar

Estadísticas demuestran que más del 70% de los accidentes de tránsito ocurren cerca de la casa del accidentado. De hecho más del 50% ocurren a menos de dos kilómetros de su hogar. Tiene sentido: Es cuando nos sentimos más cómodos que no prestamos tanta atención. Cuando creemos que sabemos perfectamente qué esperar.

Y es por eso que nos vemos totalmente sorprendidos cuando otro nos supera de pronto en algo que dominamos a la perfección. En la zona de confort es donde somos más vulnerables.

El peligro de dejar de preocuparse

Según estudios recientes muchas personas que cambiaron sus focos tradicionales por ahorradores consumen la misma cantidad de electricidad que antes. ¿Cómo es eso? Pues porque como tienen en la cabeza la idea de que son ahorradores ya no se preocupan de apagarlos como lo hacían antes con los otros.

Algo similar sucede con los autos híbridos, los dueños muchas veces consumen la misma cantidad de gasolina pues, con la idea de que es un auto muy ahorrador, dejan de lado las costumbres que tenían antes para ahorrar en sus antiguos autos.

Una historia personal

Yo no voy a la playa casi nunca, no me gusta. En promedio paso dos o tres días en la playa cada verano. Y esos días uso bloqueador solar del máximo grado disponible, además de pasar la mayor cantidad del tiempo posible bajo sombra.

Comprenderán entonces mi sorpresa cuando hace seis meses un dermatólogo me dijo que tenía que operarme de una lesión a la piel causada por mucho sol. ¿Cómo es posible?, dije yo. Si yo nunca voy a la playa, no es justo, cómo pasó eso.

La explicación del doctor fue muy sencilla: Estimado JL, el sol de la playa es el mismo sol de tu casa, sólo hay un Sol.

En efecto fui victima de exceso de confianza. Como no estaba haciendo actividades con riesgo de insolación, según yo, no tomé las precauciones adecuadas. Mis amigos que pasaban todo el verano en la playa se protegían todos los días… yo nunca iba con ellos pero pasaba el verano caminando por la ciudad son ningún tipo de protección, justamente porque no estaba en la playa. Ellos estaban recibiendo menos radiación que yo.

Conclusión

Nuestra mente trabaja de una manera muy especial. Nos cuesta mucho evaluar riesgos con su verdadera magnitud. Todo lo que es familiar nos parece menos riesgoso y más fácil que lo que clasificamos como diferente, cuando no necesariamente lo es.

Vale la pena hacer un “reality check” de rato en rato…

Las empresas amigas

Dan Ariely, uno de los más renombrados profesores de psicología, plantea  en sus clases el siguiente escenario:

Imaginen que tienen dos tarjetas de crédito con dos bancos diferentes. Uno de ellos tiene un mensaje del tipo “somos tus amigos” y “te ayudamos a manejar tus finanzas”, te manda regalitos con cierta periodicidad y una tarjeta electrónica para tu cumpleaños. El otro banco no, su mensaje es simplemente “somos un banco, te prestamos dinero y nos pagas intereses”.

Ahora, imaginen que un mes no pagan a tiempo las cuotas de las tarjetas y ambos bancos les cobran una fuerte mora. Llaman a los bancos a para disculparse, se les pasó la fecha, nunca ha pasado antes, no volverá a pasar… pero ninguno de los dos cede. ¿Cuál es el que queda peor?

Obviamente el primero, el que se quiere vender como amigo. Y es que no sólo no tiene sentido sino que es totalmente contraproducente el vender una relación con tus clientes basada en normas sociales cuando en realidad se rige por normas económicas. Si no estás dispuesto a tratar a tu cliente como amigo, no vendas amistad.

Una de las formas más claras de notar si la empresa en cuestión confía realmente en sus clientes o no, es fijarse en los contratos. Un contrato general indica que la empresa está dispuesta a enfocar los problemas que puedan surgir en base a una interpretación del espíritu del contrato. Un contrato muy detallado que no deja ninguna duda es un mensaje claro de que la empresa no confía y se está protegiendo por todos lados.

No sirve de nada que sólo el área de marketing se crea eso de tratar bien a los clientes. O lo hace toda la empresa… o mejor no se hace.

El Avatar y los negocios

[Una versión extendida de este post fue publicada en el Blog de Innovación + Disrupción de Gestion.pe]

El día que compré el modem de 300bps para mi Commodore 64 fue el día que conocí a mi amigo Hawkins. Y cuando conocí a Hawkins conocí también a Lord British, Britannia y Ultima.

Para que entiendan por qué corrí a donar algo de dinero a Richard Garriott en KickStarter es necesario que entiendan qué hace que Ultima sea diferente a todos los otros juegos de la época. Los juegos de Ultima tenían una trama compleja, retos morales, planteaban dudas existenciales, exigían que tu personaje no sólo se vuelva más fuerte y poderoso sino que además alcance un nivel de iluminación psicológica que hasta ahora uno no encuentra en juegos de rol modernos.

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Pero tal vez la lección más importante de estos juegos, algo que estoy seguro que se me quedó grabado desde los 11 años, era la siguiente: Frente a una situación o problema determinados, existen diversas formas correctas de lograr un resultado positivo.

Hoy en día, durante mi trabajo diario, me relaciono con muchos profesionales exitosos en sus respectivas empresas… y en la gran mayoría de ellos se nota claramente que están convencidos que la única manera de hacer bien las cosas es aquella que ellos harían.

En efecto, los que han llegado lejos en base a creatividad piensan que sólo pensando fuera de la caja es que puedes conseguir algo. Los que lo hicieron con esfuerzo y trabajo metódico menosprecian a los primeros. Los que tienen su propia empresa miran con pena a los empleados. Aquellos a los que la agresividad comercial y el micro-management los ayudó a escalar posiciones no imaginan otra forma de hacer las cosas. Los que están en la cima de su empresa en base al esfuerzo personal miran como una debilidad el delegar o admitir que se necesita ayuda. Los que tienen una personalidad facilitadora y que buscan el compromiso no soportan a los que son directos y confrontacionales.

Todas estas personas son las que, cuando tienen gente a su cargo, se estresan porque sienten que no pueden delegar nada a menos que la otra persona tenga su misma personalidad y enfoque.

La principal lección que obtuve de la Saga de Ultima y de los juegos de rol de mesa y papel (como Dungeons and Dragons) fue que para conseguir alcanzar cualquier objetivo importante se requiere una mezcla de enfoques y personalidades diferentes, con distintos talentos y habilidades. Y que un gerente es bueno cuando sabe dirigir todos estos talentos dispares hacia un mismo objetivo, no cuando hace que todos se parezcan a él.

Muchas gracias Lord British por obligarme a armar un grupo de aventureros dispares y hacer que tus juegos de video recuerden cada detalle de las acciones de estos personajes y su impacto en el cumplimiento de los objetivos.

Es bueno hacerse el dificil

Las personas no llaman a sus amigos doctores a preguntarles en qué farmacia hay ofertas de aspirina, pero los que trabajamos en tecnología no tenemos la suerte de que nuestros roles estén bien diferenciados para familiares y amigos. Es por eso que siempre recibo llamadas o mensajes preguntando cosas como: “¿Qué computadora me compro?”, “¿Sabes cuándo hay ofertas de laptops?” o incluso “¿Puedes arreglar mi PC que está lenta?”.

Claro, a mi me encanta responder a todas esas preguntas. En serio. Además me ayuda a tantear de manera constante la manera en la que piensan los consumidores peruanos (al menos algunos) sobre la tecnología y los criterios que aplican para decidir su compra. Y una de las cosas que siempre noto es el tema de las ofertas. “OK, ya me decidí, quiero este tipo de laptop… pero… ¿cuándo saldrá la oferta?”.

En efecto, gracias a uno de los efectos de algo que he descubierto que se llama “Hedonic Treadmill” entre los psicólogos, los consumidores de tecnología en el país están acostumbrados a comprar sólo con ofertas. No todos, no en todos los casos, pero en su mayoría.

¿Y eso es culpa de los consumidores? La teoría que les menciono dice claramente que no. Eso es culpa de los fabricantes que en su afán de vender más han hecho que el precio de oferta sea el nuevo estándar, el nuevo punto de referencia. Los que se desvían son tontos o millonarios o están desesperados.

Existen empresas que por estrategia o inteligencia deciden no seguir esa corriente… y son las que gozan de márgenes muy altos y se convierten en la envidia de las otras. Apple es el ejemplo clásico porque logra más utilidades que la suma de las utilidades de las cinco marcas que están por encima de Apple en unidades vendidas.

Pero yo hoy recordaba otra empresa que solía tener una actitud similar a la de Apple, al menos hasta hace unos años. Era peruana y no era de tecnología. Su nombre: Bembos.

Bembos era hamburguesa cara. Y no tenía ofertas. Si claro, ustedes dirán que recuerdan la antigua Chequera Bembona y brochures con ofertas todo el tiempo… pero si hacen memoria, las ofertas no eran nunca una baja de precio. Siempre eran upselling. Compra este producto más este otro producto y te regalamos esta cosita.

Con las “ofertas” de Bembos uno nunca terminaba gastando menos. Terminaba gastando más.

A veces es bueno hacerse el dificil, porque cuando uno se regala, ya no puede volverse a vender caro.