Si existe algo que ha quedado claro en todos los estudios que realizan psicólogos sobre Behavioral Economics es que los seres humanos casi nunca tomamos decisiones racionales. En efecto, las decisiones se toman muchas veces de una manera emotiva y luego el cerebro se encarga, no sólo de racionalizar la decisión, sino de engañarse a sí mismo para que parezca que el raciocinio se realizó antes de la decisión.

Repito: Nuestro cerebro cambia el orden en que recordamos las cosas para que nosotros nos quedemos tranquilos pensando que tomamos una decisión racional.

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Esto ha quedado ampliamente demostrado con decenas de estudios que registran lo que las personas declaran como factores de decisión al momento de hacer algo y lo que declaran unos meses después. ¿Por qué nos engañamos a nosotros mismos? Pues para evitar algo que se conoce como Disonancia Cognitiva. No podemos tener dos ideas opuestas conviviendo en nuestro cerebro al mismo tiempo sin generar stress, por lo tanto el cerebro nos ayuda eliminando una de las dos de una manera muy eficaz y conveniente. El efecto puede llegar a ser tan fuerte que es posible hacer que personas decidan tomar una acción que va en contra de sus valores o creencias, incluso una acción auto-destructiva, si es que la disonancia se genera de manera artificial antes de esa decisión.

Queda claro que las emociones controlan la mente y luego esta controla nuestro cuerpo. Las decisiones que uno toma y lo satisfecho que se encuentra luego con ellas dependen de factores emocionales, de la experiencia que vivimos y de lo que se nos haga creer. Y, sobre todo, dependen del marco de referencia.

Una de las pruebas más fuertes del poder de nuestras emociones es el ya famoso Efecto Placebo, en el que numerosas personas muestran mejoras de salud solo por pensar que están tomando la medicina adecuada cuando esta no existe realmente. De niño, cuando me quejaba de dolor de estómago, mi madre me daba una medicina que me curaba de forma casi instantánea… muchos años después descubrí que solo me daba agua con sal. Pero yo no soy el único con experiencias similares. En un estudio realizado con mucamas en hoteles de New York, se formaron dos grupos: A uno de ellos se les dió una charla que detallaba la cantidad de calorías que se consumen al realizar el trabajo diario de limpieza de habitaciones,mientras que al otro grupo no se le dijo nada. Luego de unos meses, aquellas personas que estaban en el primer grupo habían bajado de peso y se sentían más saludables, mientras que los resultados eran nulos en el segundo grupo. Simplemente el ser conscientes de que estamos realizando una actividad física tiene influencia en los efectos reales de la misma sobre nuestro cuerpo.

Estudios recientes sobre el stress muestran que personas que declararon estar sometidas a un nivel alto o muy alto de stress tuvieron 43% másprobabilidad de sufrir un ataque caridaco o problemas de salud relacionados… pero sólo si esas personas ya creían que el stress era algo dañino para la salud. Aquellos que declararon estar sometidos a mucho stress pero sin considerarlo dañino, al contrario lo calificaban como emocionante y retador, no mostraron ningún aumento en la probabilidad de tener complicaciones. En efecto, lo que mató a algunas personas no fue sólo el stress, sino el creer que ese stress los iba a matar.